martes, 16 de septiembre de 2008

Sabrá que...

Lo miro en silencio. Realmente sabrá lo que siento?
Lo vuelvo a mirar y me vuelvo a preguntar.
Sabrá que su presencia me hace temblar?
Sabrá que su sonrisa es mi sol de todos los días?
Sabrá que sus besos me estremecen?
Sabrá que con cada uno de sus abrazos vuelo y vuelo?
Sabrá que cada vez que me levanto y lo veo, no puedo dejar de mirarlo?
Sabrá lo necesario que es para mí?
Sabrá que estoy atenta a cada palabra, cada gesto suyo?
Sabrá que entrego mi mundo por una mirada?
Sabrá que la primera vez que me dijo “te amo” me paralizo?
Sabrá que después de aquella noche en que nuestros ojos se cruzaron no pude dejar de pensar en él?
Sabrá todas estas cosas?

Y en ese instante me miro… me sonrió… y me di cuenta que si sabia…

Su piel

Me acosté recién.
Al lado de él.
No tengo sueño.
El sí.

Se duerme lentamente.
Se duerme profundamente.
Y comienza a roncar.

Acaricio su espalda.
Sus brazos, su cara.
Su cuerpo.

Su piel… esa piel que cuando se roza con la mía logra llevarme hasta lo más alto del cielo.
Me extasía de amor, me supera, logrando abandonar la tierra, el mundo… viajando a través del tiempo.

Su piel, su energía… es este amor que nace, como la flor que crece en el pantano… llena de barro, pero tan hermosa… tan pura…. Tan pura como la inocencia de un niño, que se pone a jugar… es que cuando yo te miro, nuestro amor es tan puro, que nos hace regresar a aquella lejana infancia, rompe con el tiempo, logrando la eternidad…

Así, nuestro amor se vuelve inmortal.