Una vez mis ojos se quejaron. Fue un quejido largo y tedioso. Se quejaron porque decían ‘haber visto todo’. Creían que tenían razón, pero nadie los escuchaba. Los oídos no les hacían caso… decían que había muchas cosas que ellos no veían. El corazón no quiso entrar en detalles y solo se dedico a reír irónicamente. Y mi alma les dijo, amablemente, que no siempre hay que confiar en lo que se ve. Pero mis ojos, totalmente orgullosos (y claro, son mis ojos), jamás escucharon.
Hasta que mi instinto, que siempre dice la verdad, me hizo levantar la cabeza. Pensé que era un simple reflejo… pensé mal. Mis ojos acababan de darse cuenta lo equivocados que estaban. Te vi y estos dos globos oculares casi enloquecen. Se posaron en cada rincón de tu cara.
Hicieron parada en cada una de tus largas pestañas, siguieron con detenimiento tus preciosas cejas, se posaron en tus finos labios (ahí fue cuando el corazón si quiso entrar en detalles). Observaron el contorno de tu rostro, tu expresión altiva, tus aires de superioridad. Mi alma entendió, en un suspiro, que nadie mas se daba cuenta… nadie apreciaba semejante belleza. No pude dejar de mirarte, algo dentro tuyo llamaba desesperadamente, en un grito ahogado, a algo dentro mio. Mis ojos miraron a tus ojos… tus ojos miraron a los míos… y en ese instante, suspendido en el aire, se escucho al unísono (por parte del corazón, de los odios y del alma) decir: «te lo dije».
lunes, 19 de noviembre de 2007
TE LO DIJE
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